¡No soy mentiroso!… tengo miedo de decir la verdad.

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¿Quién en la vida no ha sentido miedo de confesar algo?

Sin embargo, una cosa es sentir miedo, más o menos normal de afrontar una situación y otra es sentir un miedo que bloquea, que paraliza y nos obliga a decir verdades a medias o a mentir propiamente, con toda la carga ética y moral que esta palabra y su contexto tiene.

La pregunta que surge es: ¿dónde se origina este miedo tan profundo?

Empieza a muy temprana edad, a la sombra de lo que el psicológo John Bowly (1907- 1990) denominó apego seguro y que definía como la vinculación afectiva intensa duradera que surge cuando tenemos la confianza de que la otra persona va estar ahí incondicionalmente, esa que deben proporcionar nuestros padres o cuidadores.

La Neuropsicología afirma que esta sensación de confianza empieza en el vientre materno.

Evidentemente estamos hablando de situaciones idóneas, pero la realidad, es que no siempre es posible proveer al niño de este apego seguro por variedad de factores que van desde problemas económicos a físicos, emocionales o simplemente a que los padres no tienen modelos de vinculación sana, por lo que no hay referencias. La sensación de que “me fallaron” es muy común y no solamente en niños adoptados, el sentimiento de seguridad básica no se logra transmitir.

En ese contexto, el sentimiento del niño empieza por desarrollar ideas y sensaciones de desconfianza como: “si ellos me fallaron, en nadie puedo confiar” o “no es seguro mostrarme en totalidad porque, si me conocen como soy, se pueden marchar”, sentimientos de inadecuación, de “algo debo tener mal”, de baja autovaloración, autoestima y por supuesto inseguridad emocional. No es, por tanto, seguro vincularse y ya no digamos amar.

Siguiendo esta línea, podemos entender que un niño se sienta inseguro de ocultar sus acciones inaceptables por si le abandonan o le dejan de amar. Ocultará así cosas y sobre todos sus intereses, muchas veces por complacer a sus padres negándose así mismo. Entonces perdemos asertividad, porque si nuestros deseos entran en conflicto con los de nuestros padres, casi mejor ni atenderlos.

Y la vida pasa; vamos tomando decisiones que creemos que son nuestras y alejándonos de nuestra autenticidad y ese niño crece y se convierte en adulto y, evidentemente, sigue ocultando su verdad.

Pero pongámonos en escena. Un niño de 6 años al que no le gusta el fútbol y le gusta más jugar libremente. Si juega al fútbol recibe una mirada aprobatoria, porque para su padre el fútbol es una pasión y a la vez una mirada intimidatoria del mismo padre, cuando el niño se va al arenero a hacer experimentos con agua y piedras.

Su padre no sólo tiene el poder, además mide el doble o el triple que él. La elección es clara.

¿Cómo evitar caer en esto?

Dos soluciones y casi mágicas: regulación y validación emocional.

Cuando cualquier niño expresa su emociones, hay que darle seguridad, confianza para expresarse. Una forma de lograr una regulación emocional es exteriorizando nuestras heridas, con lágrimas o enfado, juego o arte. Pero expresándonos y teniendo permiso de hacerlo.

La emoción se valida, cuando nos mostramos sensibles y respetuosos, sin empujar más allá de los límites, que ellos marquen su ritmo. Sin etiquetas de “mentiroso”, sin amenazas ni castigos.

El elemento básico es el RESPETO a su forma de ser y, por tanto, a su ser.

Evitemos evaluar tanto positivamente como negativamente a un niño. Crecer con la necesidad de complacer y estar a la altura de las expectativas es una fuente de ansiedad para el niño.

Atención también con los mensajes que enviamos con respecto al género; en consulta es una constante coincidir con mujeres independientes económicamente pero no emocionalmente, con tendencia a ser complacientes, y con hombres igualmente anulados.

Evaluar a un niño es diferente a evaluar las conductas del niño. Evidentemente necesitan pautas y normas pero desde el respeto mutuo y si es necesario, regulado.

Se pueden entender por respetuosos los siguientes comportamientos: hablarles bien, no compararlos, dejar que sean curiosos, que se EXPRESEN, que se rían, que lloren. La familia debería ser un lugar seguro de aceptación absoluta, no de control o vigilancia policial.

“Sea lo que sea en que te conviertas, no me decepcionarás, no tengo preocupaciones, no deseo predecir en lo que te convertirás. Sólo deseo descubrirte, no me decepcionarás.” Mary Haskell.

Una última reflexión. Este proceso delimitará la posibilidad de establecer relaciones duraderas y satisfactorias. La calidad de la vinculación afectiva que tuviste con tus padres o cuidadores, marcará tu capacidad de mostrarte empático y auténtico; pero esa ya es otra historia.

“Sólo se puede jugar cuando eres totalmente libre; sólo puedes ser auténtico cuando estás seguro del amor.”

Luisa Aluy Cofrades Pacheco.

 

Bibliografía recomendada:
Aprender a educar. Naomi Aldort

La parálisis del análisis

Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasará, otras hacen que suceda Michael Jordan.

En cuantas ocasiones nos hemos encontrado en esta tesitura; estudiamos la situación, calibramos riesgos, valoramos causas, pensamos y repensamos, soñamos y nos estancamos ahí.

Al no tomar una decisión experimentamos frustración, y este sentimiento empeora las cosas, dejándonos sin energía y creando un círculo vicioso, donde buscamos soluciones perfectas y seguridades imposibles.

Propuesta 1

TODO IRÁ BIEN

¿Que pasaría si partimos de la base de que la decisión que tomemos estará bien? Tu mente puede responder que eso no es objetivo, que es autoengaño. Vuelven los juicios y la autoexigencia.

O tal vez responda con el sentimiento de confianza y paz que está afirmación conlleva.

Y en realidad, claro que lo estamos haciendo bien al decidir hacer algo diferente a quedarnos en el mundo de las ideas. Con la decisión creamos un círculo virtuoso, nos movemos hacia la acción, lo que nos genera ilusión, motivación y energía. Es ahí donde suceden cosas muy valiosas, exitosas o no. En el segundo caso pasan de ser fracasos a experiencias clarificadoras.

En palabras del empresario americano Henry Ford sería: El fracaso es, a veces, más fructífero que el éxito

O, como diría el inventor de la bombilla, Thomas Alba Edison: No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla

Me encanta esta frase y nadie puede afirmar que no sea pura objetividad.

Lo que realmente importa, es que nos atrevamos a vivir y experimentar; a no ser meros espectadores. O nos atrevemos a hacer cosas y triunfar o nos sentamos a ver cómo los demás las hacen y triunfan.

Cuando estamos paralizados con tanta mente, con las llamadas rumiaciones, creencias inválidas, etc., es como si tuviéramos un coche que no utilizamos porque podríamos pinchar una rueda y simplemente no circulamos, no nos movemos. Estamos así, dejando de ver otros espacios, otras posibilidades y otras probabilidades distintas de las que nos presenta la bien llamada visión túnel, donde estamos aparcados; las orejeras de las mulas.

Si nos movemos, nos dará el aire, veremos más cosas y sentiremos y reaccionaremos ante estas experiencias; se expandirá nuestro pensamiento con la integración de nuevas experiencias y el procesamiento de las emociones que este conlleva; recuperamos la capacidad natural de movernos, de elegir, aumentando nuestro repertorio de herramientas, creando redes neuronales y eliminando bloqueos.

Por otra parte, si no nos gusta la dirección elegida, siempre podremos cambiar de sentido. La única regla de conducción es no quedarse viendo la señal por mucho tiempo. Porque si a nuestro cerebro le pedimos que encuentre razones para no ir en esa dirección, hará su trabajo. Esto es como discutir; cuando defiendes un punto de vista, al terminar la discusión tienes muchos más argumentos que cuando comenzaste.

Además de neuronas, tenemos otro tipo de células en nuestro cuerpo y extremidades como piernas y brazos que aman el movimiento y fluir en el espacio ya que fueron diseñados para eso, y un corazón que necesita bombear sangre activada desde la novedad y no desde la monotonía.

Vale, logramos activarnos. Es ahí donde nos topamos con nuestro segundo enemigo, el deporte nacional, la envidia. No sólo tenemos que silenciar a nuestra mente sino silenciar las voces externas que, por sus propios miedos, no permiten que los demás sigan sus sueños. Esas voces nos interrumpen, nos distraen de nuestro objetivo.

Propuesta 2

Desoír esas voces y abrir bien nuestro campo visual para admirar a quienes ya lo han logrado, o lo están intentando. La cura de la envidia es la admiración.

Fijarnos en quien lo ha logrado y entonces sí, analizar cómo lo ha hecho; desde la admiración, desde el aprendizaje, creyendo que “si el pudo hacerlo, yo también puedo”.

Tal vez puedo preguntarle cómo lo hizo, no desde la envidia que dice “él lo tuvo más fácil”, “seguro que tiene padrino…”

Puede ser gente de nuestro alrededor o puedes leer biografías inspiradoras. Ahí os comparto uno de mis favoritas. Tengo muchas. Se trata del mejor anotador de la historia del basketball, el gran Michael Jordan, que nos regala reflexiones tan potentes como:

Nunca pienso en las consecuencias de fallar un tiro; cuando se piensa en las consecuencias, se está pensando en un resultado negativo”.

Nada que agregar; lo dice todo. La segunda no es menos profunda.

Sólo juega, diviértete, disfruta el juego”.

Son sólo dos propuestas: todo irá bien y admira a quien lo ha hecho ya, que más que propuestas, son claves para no caer en la parálisis del análisis.

No hay forma de equivocarse; ¡haz que suceda!. De esta forma no perdemos el tiempo porque, el único tiempo perdido, es el no vivido.

Luisa Aluy Cofrades

Historias con finales más felices

Historias con finales más felices

Si queremos un final feliz o por lo menos experiencias cargadas de emociones positivas y sabor agradable para recordar esta historia, dependerá, por supuesto, del momento en que decidamos terminar con la historia. Solamente podremos encontrar finales felices en Hollywood, a menos que aprendamos a poner puntos finales a historias a su debido tiempo; así no tendremos más problemas con los desenlaces. La sabiduría popular dice que más vale una retirada a tiempo que una devastadora derrota, sobretodo por el coste emocional que ésta supone y el impacto negativo en calidad de vida. ¿Cómo podemos identificar las historias potencialmente destructivas u obsoletas a nivel emocional?, ¿podemos ser capaces de invertir energía en proyectos emocionalmente reconfortantes?

Os propongo hacer un símil con las luces de un semáforo y así identificar el momento de la relación, como pautas a seguir:

Luz roja. ¡Alto! Razón vs Emoción.

Cuando la cabeza nos da indicaciones claras de ir hacia la otra dirección, porqué embarcarnos en esa historia que apunta claramente a la crónica de una muerte anunciada en vez de invertir nuestra energía en otra nueva historia. Observamos un sinfín de inconvenientes, señales claras y razones para no hacerlo; aún así las ignoramos. Es agradable la segregación de serotonina y el alboroto hormonal pero no debiera ser suficiente. “Los budistas dicen que si conoces a alguien y tu corazón late con fuerza, tus manos tiemblan y tus rodillas se vuelven débiles, no es la persona indicada. Cuando tú conoces a tu alma gemela, sientes calma; nada de ansiedad, nada de agitación”.

Luz amarilla. ¡Con precaución! Reflexión vs Idealización.

Cuando tenemos cierta tendencia a idealizar el amor, más que ser conscientes de los hechos reales; si sabemos nuestras debilidades debemos ir con pies de plomo y bajar la velocidad porque es muy probable que en un principio nuestra distorsión cognitiva se base en el sinfín de cuentos de hadas, películas de Disney y en este romanticismo novelesco que nada tiene que ver con la realidad. Cuando todo es perfecto, es muy probable que no estemos relacionando con otro ser humano en su totalidad sino con un ideal que sólo existe en nuestra mente.

Luz verde. ¡Adelante! Cuando la balanza se decanta hacia lo positivo.

Porque las cosas en general fluyen y no hay que tirar de la historia como si fuese una lucha constante. Hay más alegrías, espacios de cielo, de expansión que tristezas. Cuando las discusiones son parte de un lograr un acuerdo amoroso y van en vía de la resolución de conflictos, no un acto acalorado, amargo y directo al infierno. Creencias como: “quien bien te quiere te hará sufrir” sería bueno cuestionarlas. La propuesta es crecer en el camino hacia el amor, encontrando soluciones en lugar de centrarnos en el conflicto, para que nuestras historias tengan un final agradable, significativo, de crecimiento, que digamos valió la pena la experiencia, para repetir y porqué no… también un final feliz y no sólo el recurrente y trillado drama, terror o suspenso.

Cinco claves para tener relaciones sanas

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Todos queremos estar rodeados de relaciones sanas, pues en este artículo encontrarás 5 pautas claves para lograrlas.

1. – No olvidarme nunca de mí… cuidar al máximo nuestra primera relación: ¿Cuál? Con nosotros mismos.

Es muy frecuente escuchar “ quiérete a ti mismo”, esa frase nos parece trillada y hueca, pues vale, cambiémosla a “ escúchate a ti mismo”, ¿tienes hambre?, ¿tienes sueño?, ¿estás cansado?, ¿cómo te sientes?, ¿qué te apetece?. Y en cuanto puedas, atiende tus necesidades con el amor y dedicación que lo harías, como si fueses a recibir un muy buen sueldo por ello, que te aseguro lo recibirás de alguna forma.

Dar besos cuando nos apetece, reír diario, jugar el máximo tiempo posible.

2. – Cuidado con el auto-castigo, la culpa y la vergüenza.

Todos nos hemos equivocado y la hemos liado, hemos sido malos, perezosos, sinvergüenzas etc… alguna ves en nuestra vida, seguramente hemos engañado, lastimado y nos hemos aprovechado de circunstancias. Pero eso seguramente ya paso y no por autocastigarnos nos vamos a sentir mejor. El pasado no lo cambiaremos, pero si podemos cambiar la visión del pasado que tenemos, aceptando esa parte nuestra, como el niño pequeño que ha roto el jarrón y no por eso le vamos a dejar de querer. Lo que si podemos hacer es tomar RESPONSABILIDAD en los actos que realizamos, entiéndase, responsabilidad como la capacidad de responder y poder cambiar ahora lo que no nos satisface, eso nos quita la impotencia y potencia nuestra capacidad de cambio y superación personal.

Y si por el contrario, nos hemos sentido lastimados, pues también ahí tomemos   nuestra parte de RESPONSABILIDAD, por permitirlo, por abandonarnos y conformarnos con esa relación, por miedo al cambio. Y en lugar de odiar al otro, ocupémonos de nuestras heridas, con toda delicadeza y dejemos la tan recurrida posición de víctima.

“No somos responsables de la programación recibida en nuestra infancia, pero como adultos somos ciento por ciento responsables de transformarla.”

3.- Dejarme sentir, yo no puedo cambiar nada de lo que no me gusta, sino me permito sentirlo.

Somos expertos evadiéndonos, todo vale antes de sentir un poco de dolor, pero noticia, si no sentimos el dolor, se acumula y llega un momento en que explota a través de (insomio, ansiedad, depresión etc..) Cuando digo sentir, no digo que el sentimiento se apodere de nuestra vida, sino simplemente dejarlo salir y así no se queda dentro. Todos sabemos que duele más lo que está dentro de nosotros que lo que sale. Es como si tuviésemos una astilla en el dedo y decidiéramos que NO QUEREMOS QUE NOS LA SAQUEN porque duele, claro que va doler, pero un momento, luego se curará. Sin embargo si la dejamos dolerá mas y nos restará capacidad de funcionamiento y disfrute.

Lo peor que puedes hacer es impedirte a ti mismo sentir, desahogarte… Las lágrimas no lloradas se encargan de hacer más profundo el pozo de la tristeza.

4. – Seamos sinceros, sino me siento en total AMOR, enamorado de mi mismo, es difícil que pueda sentir amor por nadie, o mejor dicho seré capaz de ofrecer el amor que me tengo a mi mismo.

Y entonces el nivel de calidad baja bastante. Si no me gusto, no puedo gustar, sino me cuido, no puedo cuidar, sino disfruto de mi compañía, ¿Cómo puedo esperar que los demás la aprecien? Entonces aceptémoslo, tenemos relaciones para llenar nuestra soledad, no para compartir nuestro amor… Y una vez que lo aceptemos, podremos disolverlo y transformarlo en algo diferente como verdaderos amantes de la vida.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” Carl Jung.

5. – Cuidado con las expectativas, estropean la película.

Frecuentemente escucho está petición “ Yo sólo quiero una pareja que me haga reír” y siempre en mi mente pienso: Y tu eres capaz de reírte de ti mismo, eres una persona risueña, eres una persona básicamente feliz.. y la respuesta es obvia, no , porque estás poniendo la expectativa de la risa en el otro. Cuando tu seas capaz de reírte del grano que te ha salido en la nariz ese día no necesitarás a nadie que te haga reír y seguramente encontrarás mucha gente con quien compartir tu vida, simplemente porque no lo necesitas, sino porque lo disfrutas.

Son cinco claves, como los dedos de la mano, así no las olvidamos. De esa manera tendremos relaciones sanas y fieles, porque recordemos que la primera infidelidad y seguramente la única es a nosotros mismos, pero eso ya es otro tema.